domingo, 20 de diciembre de 2009

Mi vida en la cocina (Héctor Carabias)

Voy a contarles mi experiencia con la cocina desde que empecé a integrarme en ella, mundo sin límites de vivencias, conocimientos, productos y enganche profesional de quién la disfruta.
Desde bien pequeño me gustó el buen comer, aunque ello no se refleje en mi persona.
Prescindir del cocinar de mi madre, me hizo aprender a hacer mis propias elaboraciones, lo cual me satisfacía aún más que el comer, ya que me preparaba aquello con lo que más disfrutaba.
Fui creciendo, y mi madre fue la encargada de enseñarme lo más básico; típicas elaboraciones que me ayudarían a coger confianza en mí mismo a la hora de enfrentarme a los fogones. Con sólo 16 años, los fines de semana trabajaba en el negocio familiar de camarero, pero me di cuenta de que la barra no encajaba conmigo. Y así fue como me metí en la cocina, donde lo primero que hice fue fregar, aunque no me gustaba mucho, la verdad.
Ya con 20 años decidí irme a Plasencia a estudiar cocina a la escuela de “Luis Irizar” durante dos años, y tras aprender las bases principales, me propuse meterme de lleno en este mundo. Me fui a hacer un staffier al Zuberoa (San Sebastián), un gran restaurante con dos estrellas Michelín, donde descubrí un producto impresionante, una profesionalidad que te envolvía y que te ayudaba a adquirir cada vez más conocimientos.
Allí estuve más de medio año, lo necesario para conocer la cocina vasca en pleno auge.De ahí me fui con la familia Roca, al Celler de Can Roca (Gerona), dos estrellas Michelín, donde la profesionalidad seguía, pero con un estilo más moderno. Sus salas, platos, vinos… todo un cúmulo de cosas con las que yo disfruté durante casi 8 meses.
En ese momento decidí hacer otro staffier para conocer otro restaurante y otra forma de cocinar, y fue el pleno. El Poblet (Denia), con dos estrellas Michelin, sin ninguna duda el mejor restaurante en los que he estado, admirable en todos los sentidos. Allí fue donde aprendí a trabajar una cocina natural, creativa y diferente. De staffier salté a ayudante en la partida de entrantes fríos y pastelería, y de ahí a dirigirla como jefe de partida.
A los 2 años de estar en El Poblet, adquirí seguridad en mí mismo para emprender y hacer mi propia cocina y poder llevarla al negocio familiar y a mi Salamanca, fue entonces cuando regrese a mi tierra. Todos mis conocimientos adquiridos, los estoy aplicando en la cocina de nuestro restaurante, siendo mi objetivo el que mis comensales disfruten comiendo.

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